Y reprochándome quererle, para variar, terminé ennumerando las razones porque le quiero. Porque, mierda, sí, lo quiero.
Suelen decir que cuando están con él, el corazón late desbocado, sientes las dichosas mariposas a flor de piel, pero a pesar de todo una tranquilidad enamoradiza te invade. Es verdad.
No ha nadie que, como él, me haga sentir en las nubes, y al ver la evidencia de eso, me muera de verguenza, me ponga rojita cual Ron Weasley en la oscuridad, y me hale los cabellos rogando que nadie se haya caído en cuenta. Pero cayó en cuenta, no sé si él, pero su amigo sí, definitivamente.
Y parecía loca gritando en el teléfono, para terminar metida en líos, para idear planes idiotas con el objetivo de que nadie la sepa.
Siempre es bueno tener a cuatro amigos que quieres con la vida y les cuentas todo. Esa amiga con la que te desesperas y te dice la cruda verdad, por más que duela -Ya, Cris, no puedes seguir queriéndole así, él no te quiere-. Aquel amigo que llora contigo -Somos un par de idiotas enamorados-, y que encima es amigo de él, y te dice -Ay, amiga, es que... él sí que vale la pena, y es una de las pocas personas que he llegado a apreciar realmente como amigo-, y no te ayuda porque te enamora más. Ese otro que te hace sentir en confianza y te ayuda a saber que hacer que aconseja y lo quieres muchote. Y aquella amiga que quieres otro par de mundos, con la que siempre te desahogas y le cuentas hasta como se rompió la uña de tu amor.
Siempre es bueno tener amigos en quienes confiar. ¡Los quiero muchotototototote!e
domingo, 23 de mayo de 2010
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