sábado, 2 de enero de 2010

Querido Diario


Es genial tener un diario virtual, ¿no?. No.

Es tarde ya, y el sueño sigue sin acudir. Mis pensamientos se desvían -de alguna u otra manera- siempre hacia él. Es asquerosamente fastidioso.

Por momentos pude decir, ya no le quiero, ya no. Otros puedo decir que sí, que lo quiero y más que nunca. Únicamente a él.

Y es que él, sólo él. Odio que no me de motivos para odiarlo y sólo unos demás para quererlo.

Él es un estúpido, por eso mismo, no le basta sólo con enamorame y hacerme ver la lluviar caer, con la melancolía -sin fundamento- grabada en el rostro. No le basta con tanto y tan poco. No le basta con nada.

Sus actitudes me molestan (no más que las mías), pero me molesta aún más saber que fueron demasiados los intentos frustrados en los que intené olvidarlo. Sin resultado, por supuesto.

Y no me rindo, no me rendiré. Conseguiré lo que quiero, y quiero olvidarlo, a él, lo haré.

Odio que me quiera quien no quiero, y que no me quiera que quiero. ¿Trabalenguas?, alguien lo dijo antes que yo.

Hay veces que no faltan las ganas de mandar todo a... algún lugar lejano, que no faltan las ganas de autocompadecerme y de llorar. Imposible.

Yo amo mi vida, no es genial, pero es una vida al fin y al cabo. Con esa imperfección que la hace bella, pero esa imperfección se torna demasiado grande, demasiado insoportable.

¿Será que soy fuertemente débil?, porque en la otra opción no quiero pensar.

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