Es increíble, como, cuando estás despistado una simple brisa otoñal tu derrumba más que cualquier huracán en invierno. Y es aún más increíble, que después de tantas torturas mentales, como cruciatus del alma, te sepas levantar.
Levantarse después de tanto tiempo duele, porque los músculos necesarios ya han estado atrofiados durante milenios, y acostumbrarse otra vez al correr y saltar de la vida es duro, pero no imposible.
Pero cuando lo logras, te das cuenta que extrañaste aquella montaña rusa humana, de altos y bajos, subir a una nube y caer a un abismo. Porque eso te hace humano, te hace sentir, y vivir.
Porque vivir merece la pena, aunque sea solo por levantarse, por escalar una montaña y ver desde la cima todos los obstáculos superados, sentirse pleno y sonreir.
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