
Decenas de suspiros inva
den mis labios, y una que otra lágrima se escapa, producto de una lectura apasionada, o de un doloroso recuerdo. Divagando, y paseando por aquí y allá pensé en la lealtad.
den mis labios, y una que otra lágrima se escapa, producto de una lectura apasionada, o de un doloroso recuerdo. Divagando, y paseando por aquí y allá pensé en la lealtad.Y según enciclopedias y diccionarios, no destaca más que como una palabra demasiado obvia para ser buscada, es un de esas palabras, que desconocer es casi un pecado, y faltarla en los valores, aún peor.
Después de todo, conocer el verdadero significado de la palabra cuesta tiempo, y experiencia. Cuesta sangre, lágrimas.
Nos damos cuenta de lo que es cuando nos sentimos traicionados, y aunque de ello hayan volado algunos meses, es casi imposible evitar que los recuerdos acudan a la mente como en penitencia.
Realmente sólo resaltar la importancia de ser leal es una tarea especialmente difícil, porque la verdadera importancia radica en la persona que juzga.
Según yo, lo más impensable, y poco ético es traicionarse a uno mismo, y es que sólo hay que pensar, con la conciencia a voz de mando, si traicionas a alguien, ese alguien se siente dolido, si te traicionas a ti, como te sentirías, es casi masoquismo.
Pero traincionarse a si mismo no sólo implica un sentimiento -efímero- de culpa, significa echar por tierra todos los principios, significa mucho más de l que aparenta. Y si puedes vivir con ello, bien, es que no tienes conciencia, tampoco escrúpulos y mucho menos corazón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario